La chica de los anuncios

La chica Micralax

Muchas veces soy incapaz de cambiar de canal durante los anuncios aunque tenga el mando a distancia en las manos. No sé por qué me pasa pero tampoco pienso que sea grave… del todo. Es por eso que, desde hace tiempo, me fijé en la chica del Micralax (he buscado su nombre pero he sido incapaz de encontrarlo). No recuerdo si me fijé en ella por ser guapa, por la metáfora del estreñimiento con la pared cerrándose y oprimiéndola al igual que intentaban aplastar las paredes a Luke, Leia y Han Solo en el triturador de basura o porque ella, la chica del Micralax, pierde todo el glamur cuando la imaginas aplicándose el enema… por muy micro que sea.

Sea como sea, y tras el seguimiento, he descubierto que no hace falta comprar lotería para que obtengas dinero —siempre y cuando te llegue a tocar— y así poder comprarte un coche. No, rotundamente no. Gracias a la chica del Micralax he llegado a la conclusión que puedes pasar de no poder sentarte en la taza del váter a acomodarte en el asiento de un estupendo coche. Y no solo eso: tu vida es bastante mierda pero cambia radicalmente una vez puedes defecar con normalidad.

Lo que aún no tengo claro es la cadena de los hechos. No sé si tras meterse el enema por el culo —perdón— y esperar unas horas a que le haga efecto, se encuentra tan bien que decide comprarse un coche para celebrarlo o bien, lo que taponaba sus intestinos era el coche y que acaba expulsando gracias al medicamento.


1 comentario

  1. Un microenema pierde glamour… pues se parece a un microsexo anal, sin preliminares.
    No sé si cagar -perdón- bien te lleva a conducir un coche para estresados de la vida.
    Te reto a que investigues el posible futuro del de Fortasec.
    PD: sí, la parrilla televisiva nos empuja al consumismo publicitario, donde habita la creatividad

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