Esta noche no he dormido nada.
Estaba muy nervioso por el estreno de mi tercer filme, el que cierra la trilogía de "
El globo "
// es mentira, no he dormido nada porque no he parado de toser //
Estoy encajando muy mal las críticas negativas
// sinceramente //
sobre mi pletórica creatividad en cuanto a guión
// impresionante //
producción
// he sacado dinero de donde no lo había, he localizado lugares nunca vistos en la gran pantalla //
y dirección
// magistral, sublime, exquisita //
La crítica se ha
ensañado con mi obra
// incultos de las narices //
y mi frágil personalidad
// como artista prolífico que intentaba ser //
se ha resentido.
Me retiro del mundo del cine
// hollywood no se me merece //
y de este clan cerrado en el cual no entras si no tienes un buen padrino.
Aún así, no renuncio a estrenar la tercera parte
// no renunciaré a mi último suspiro //
y dejo aquí el resultado: mi legado.
El séptimo arte recibe otro mazazo de ordinariez, vulgaridad y escasez de ideas. Se estrenó, para el mal de todo espectador con dos dedos de frente, la tercera parte de "El globo". Parte que cierra la trilogía cuyo prepotente subtítulo es "Apocalipsis". ¡Qué barbaridad!
No hay mucho más que decir de esta nueva entrega del mismo guionista, productor y director de las dos anteriores , excepto que nos aporta ese rayo de luz de esperanza que todos estábamos deseando: que sea, por favor, la última de verdad.
Excesiva en metraje. Si en las otras dos el presupuesto era astronómico, en esta ya es irreverente, insolidario... incluso cínico. No ocurre nada, no transmite nada, no... nada de nada. Es patético que haya sido estrenada aunque no haya sido llevada a ninguna sala comercial y que nadie haya pagado por ver semejante bodrio.
Deseamos desde aquí que tanto el guionista, el productor como el director, tengan un futuro prometedor: prometan no dar más señales de vida. Y dejen de fumar ciertas sustancias tóxicas. Y nos da igual que él, porque los tres son la misma persona, se intoxique. Sí, lo reconocemos, nos importa un bledo. Lo peligroso es que fumando él intoxica a los demás con estas paranoias indignas de todo, incluso de ser pensadas.
Insistimos en que, lo mejor que nos ha pasado es que por fin terminó.