Martes, 22 de septiembre de 2009 • 21:18h.
ahora sí, quedamos cuando quieras
En serio?
// sí, serio //

Me acerqué todo lo que pude al escenario
// en salas pequeñas ya acostumbro a hacerlo //
pero esta vez, más que nada, porque oigo solo la mitad
// debo dejar de hablar de mi perforación de tímpano //
y tener los altavoces cerca
// durante dos horas //
no iban a malmeter mi oído más de lo que ya lo tengo
// e intentar escuchar en estéreo merecía la pena //

En serio?
// joder, que sí //


 Mr. Big  actuaron en Barcelona
// no los veía desde su última visita, en el 94 //
y cuando  una banda  como esta
// formación original, ninguno muerto aún //
se separa hace un par de lustros,
// y parecía que nunca más volverían //
se reúnen
// con las admiradas seis cuerdas de  paul gilbert  al frente //
y tocan en casa, no hay que dejarlo pasar
// aunque solo oyera las vibraciones //

No lo creo
// puedes apostarte lo que quieras //

«¿Cambiarías un concierto como el de ayer por un buen polvo?»
// la pregunta me la hizo uno. si hubiera sido una... mmm, no nos desviemos del tema, por favor //
Evidentemente, cada cual tiene sus manías y prioridades
// una buena banda es como un buen orgasmo —incluso varios— que probablemente dure dos horas seguidas y con posibilidad de más de un bis... y uno reconoce que según qué proezas son para los bocazas //
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Lunes, 27 de octubre de 2008 • 11:03h.
tachando sueños
En mi lista de sueños cumplidos
// hasta ahora mismo no tenía la más remota idea de que tuviera dicha lista //
he de tachar uno, alcanzado ayer noche:
ver a  Paul Gilbert  de nuevo
// esta vez en solitario y desarrollando todo su virtuosismo con la guitarra //

Sueño cumplido: Paul Gilbert
// ahora solo me quedan dos —musicalmente soñando—:  rush  y  molly hatchet  //

Compré la entrada el lunes pasado a contrarreloj
// me dormí //
a  través de internet  y menos mal que no lo hice antes porque durante toda la semana, he estado dudando si podría acceder a la sala o no.
Al final de la compra, se me abrió una ventana con la entrada
// todo en tahoma, con mi nombre y un código de barras //
que debía imprimir.

Cómo cambia todo.
De aquellas entradas grandes
// como billetes inexistentes de 500 euros //
con la foto del artista
// y toda la información del concierto //
que eran verdaderas obras de arte, valiosos recuerdos de noches memorables
// casi todo el mundo las guardaba para hacerse un collage o, como yo, meterlas en un álbum como si fueran las fotos de media vida //
hemos pasado por un ticket de color amarillo con letras de puntos absolutamente impersonal, horrible, terrible...
// da igual que sea para entrar a un cine, a un concierto o a un teatro //
...para acabar con la hoja de papel.

Mi malestar de casi siete días se resumía en un par de advertencias: «recuerda que el sistema de entradas no admitirá más de una copia de la entrada, solamente la primera será aceptada»
// qué ocurre si por un error hay un duplicado? //
y «para más seguridad la organización se reserva el derecho a solicitar el DNI para acceder al recinto»
// ah! qué coño conseguiré enseñando la identificación? o es que alguien va a ser tan inútil de falsificar la entrada olvidándose de cambiar su nombre y su número para que no coincida con el propio? //

 .:: 4COLORS.net - Paul & Emi Gilbert ::.

Al fin y al cabo, no tuve problemas.
Vi a  Gilbert  a cinco metros de distancia
// a dos escasos tenía el culo de su mujer //
y mi autoestima como guitarrista cayó en picado
// si es que alguno vez estuvo lo suficiente arriba como para poder caer //

He de ser consciente de que como guitarrista solo llegaré a parecerme a  Pete Townshend  o  Ritchie Blackmore 
// en sus facetas de romper la guitarra a porrazos //
o incluso a  Hendrix 
// si además me atrevo a pegarle fuego //
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Jueves, 19 de junio de 2008 • 17:55h.
fácil y simple
 Fácil y simple A mi, que  Paul Gilbert  esté en concierto en Barcelona
// por fin! //
el próximo  26 de octubre , me alegra el día
// tampoco queda tanto... ya que en dos días será 2009 //

Soy un tipo simple
// pero convencido //
y allí estaré como un clavo.
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Sábado, 2 de julio de 2005 • 09:31h.
distorsionando a mi vecino
Estoy preocupado, no sé si ésto de la guitarra será lo mío
// o he empezado demasiado tarde en aprender intentar aprender a tocarla //

Ayer por la tarde, aprovechando mi estado de amo y señor de la casa,
// es decir, estaba solo //
decidí dar rienda suelta a unas improvisaciones.
Bueno, en realidad, no me hace falta estar solo para practicar
// la guitarra //
Pero si lo necesito para desatascar los botones de volumen que llevaban semanas pegados en el 2 gracias a los consejos de mi querida compañera
// creo que cada cierto tiempo tienen que darse un viaje hasta el 8... si no, para qué iba dar esa posibilidad el señor fender? //

Que si un blues...
// de cosecha propia, pero de esas cosechas que se recolectan tras una año de catástrofes climatológicas y que necesitan de subvenciones del estado para poder seguir subsistiendo //
...que si "Civil war" de Guns N' Roses...
// un oído muy optimista puede llegar a distinguirla //
...que si las malditas escalas pentatónicas menores
// puaj! sigo teniendo los dedos que parecen morcillas flácidas! //

40 minutos más tarde, abandoné haciendo lo mejor que se hacer con la guitarra: darle aceite a las cuerdas
// para que se conserven bien //
y colgarla en su soporte
// ni  steve vai  ni  paul gilbert  pueden superar mi destreza en guardar el instrumento... la guitarra //

Al poco, suena el timbre de la puerta.
Tras ella, mi vecino
// un corpulento melenas de casi dos metros de alto //
—Tú eres el que toca la guitarra, no?
—Si a hacerla sonar le llamas "tocarla"... sí, era yo.
—Toma, —mi vecino extiende la mano en la que llevaba un par de pedales—. Te los regalo.
—Como?
—Joder, te los regalo. Cógelos!

Y claro... a un tipo de esa envergadura no es cuestión de discutirle muchas cosas o casi nada.

Ahora, tengo en mi poder dos nuevos
// mis primeros //
 pedales : uno de distorsiones y otro de efectos
// que aún no he podido probar //

El detalle del vecino
// con el que apenas me saludaba cuando nos cruzábamos en la escalera //
ha sido toda una lección de civismo y convivencia
// o esa es la sensación que tuve en un primer instante //
salvo que su intención tenga un doble sentido: o bien,
// al oirme tocar //
ha decidido regalarme un par de pedales estropeados para enmudecer mi guitarra
// y así dejo de molestar al vecindario //
o bien, ha querido decirme que toco horríblemente y quizás con los pedales pueda disimular mis carencias.
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Miércoles, 27 de octubre de 2004 • 21:46h.
riff raff
El vagón está muy lleno
// afuera está lloviendo //
pero a mí
// como tantas muchas otras veces //
me da igual.

Escucho... cualquier cosa
//  mr. big ,  seven mary three  o  staind  //
a través de los auriculares.
Totalmente aislándome del mundo, me sumerjo plenamente en los solos de  Paul Gilbert .

Mi mente se va... mucho
// pero mucho //
Más
// mucho más //
Tanto, tanto... que mi neurona heavy-metalera se desenquista y manda los impulsos eléctricos necesarios para que mi brazo izquierdo se estire
// y se alce hasta ponerse a la altura del corazón //
al mismo tiempo que mi mano derecha se cierra en un puño y se acerca hasta mi bragueta.

La mano izquierda sube y baja velozmente por  los trastes  imaginarios mientras la derecha
// que sujeta con destreza una púa hecha de cuerno de toro //
pellizca virtuosamente cada una de las seis cuerdas
// «escogí una púa de este material porque extrae un sonido muy personal» declaré hace un año cuando fui portada de  rolling stone  //

Mi vergüenza no es seguir sintiéndome heavy a los treinta y pico años
// nunca pensé que "pico" sería igual a ocho //
Ni tampoco
// si cabe //
que la gente del vagón se pueda dar cuenta de que me he convertido en un guitar-hero temporalmente.
Lo que sí es vergonzoso es ésta forma
// tan silenciosamente musical //
de descubrir que llevo la bragueta abierta.
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