Miércoles, 7 de octubre de 2009 • 00:01h.
pedos que matan
El terrorismo islámico toma un nuevo rumbo
// aunque tratándose de terrorismo e islámico, el rumbo es viejo, obsoleto, anacrónico //
con las nuevas técnicas que, al parecer, podría adoptar para realizar sus atentados:  el supositorio explosivo 
// ahora sí, que todo el mundo se irá a tomar por culo //

Admuth Hazel-Gili entró tímidamente pero decidido a matricularse en el Centro de Iniciación a la Inmolación. Escuelas de este tipo, en el mundo islámico, las había a docenas pero ésta, precisamente, gozaba de una excelente reputación. Tenía la fama de que todos sus alumnos no necesitaban de un segundo curso, con el primero tenían más que suficiente para matarse y joder a los demás en la primera detonación.
Hazel-Gili aprendió rápido y llegó el día de su salto al estrellato mucho antes de lo esperado. Era un estúpido aventajado. Aunque no lo sabía, iba a inscribir su nombre como el primero de su promoción en probar una nueva arma: el supositorio explosivo.

Por fin, la investigación terrorista, había encontrado el arma mortífera y camuflable perfecta. Era la evolución de lo que durante mucho tiempo habían estado intentando con una granada de mano metida por el culo del creyente. Ataban una cuerda en la anilla de la espoleta y el novato terrorista debía tirar de ella en cuanto estuviera en el objetivo elegido. Casi nunca funcionó. Una buena parte de culpa la tenía el no poder ensayar. Otra parte era porque o bien la granada no era lo suficientemente potente para reventar el cuerpo de un hombre afligido por el desamor —los que por desengaño acaban encerrándose en una coraza indestructible— o bien, si se trataba de mujeres en época de menstruación, acababan equivocándose y tiraban del cordelito del tampax en medio de una convención de presidentes de estado. Vergonzoso.
La granada de mano metida por el recto acabó retirándose porque nadie quería tentar a la suerte de salir vivo de un intento de inmolación. Los alumnos asumían el dolor de entrada pero si por culpa de seguir vivos, luego debían expulsarla... lo consideraban demasiado sacrificio.

A Hazel-Gili le suministraron la instrumentación necesaria para consumar el atentado y así alcanzar el paraíso donde se encontraría con el montón de vírgenes prometidas.
—Toma, Hazel-Gili, —le dijo el instructor—, cinta americana y el explosivo.
—No necesito cinta para un explosivo tan pequeño, —observó Admuth—. Lo llevaré en el bolsillo del pantalón.
—No, Hazel-Gili —le prohibió de inmediato—. El explosivo es un supositorio que te será instalado a través del recto hasta alojarlo en tu interior y la cinta es para acallar tu dolor. Quejarse irrita a Alá.

Admuth abrió todos sus ojos durante lo que habían bautizado como "la instalación". Soltó gordas lágrimas mientras permaneció con el culo al aire, inclinado en una mesa de cámping en el centro de un frío garage, notando dolorosamente como el instructor le metía el supositorio para acto seguido volver a sacarlo. Hazel-Gili pensó que el artilugio no debía estar totalmente perfeccionado, porque si no, era incomprensible tanto meter y sacar por algo tan pequeño y manejable. Claro que en realidad, entre otras cosas y visto desde otro punto de vista —el de estar de espaldas— parecía más grande, grueso y largo de lo esperado.
Rompió a llorar a moco tendido, pero gracias a la cinta americana lo hizo en silencio, cuando sintió el susurro enternecido del instructor muy cercano al oído:
—Bien, Hazel-Gili, ahora sí ha llegado el momento de introducirte el supositorio.

Cuando la instalación hubo terminado, Hazel-Gili se subió los pantalones pensando en la inutilidad de conseguir un montón de vírgenes a partir de ese momento. Sí, había llorado como un niño pero ya no sabía si de dolor o de placer. Quiso decirle al instructor si no creía necesario instalar otro supositorio, ya no solo por si fallaba el primero sino para que la destrucción fuese mayor, pero aún llevaba la cinta americana en la boca y su petición quedo ahogada. Y el instructor había abandonado el garage.

De Hazel-Gili y su atentado nunca más se supo. Bueno sí, que no lo perpetró. Intentó salir del garage y correr al lugar indicado pero en medio de la calle tuvo que esconderse entre dos contenedores y hacer sus necesidades. Sí que podía haberse tirado allí mismo el pedo fatídico y aprovechar el explosivo pero prefirió vivir, salir del armario y echarse un novio ateo.

Con el paso del tiempo, el supositorio explosivo pasó de invento revolucionario a pura mierda. Siguió la estela de la granada de mano dejándose de fabricar. En cierto modo el extremismo islámico no podía permitirse lanzar mártires afeminados por la causa. Lo intentaron docenas de veces pero aquel que conseguía llegar al objetivo sin irse patas abajo, no detonaba el explosivo alegando que una señorita no se tira pedos en público. Un desastre.
Grapados como:  Así está el mundo 
Tags:  terrorismo   politica   noticias   gilipollas 
<  hace un año  >   <  # 1728  >   <  compártelo  >   < 5 comentarios >
  • Carles
    Yo creo que tenia una fistula rectal, y tenia el ojete en carne viva, y estaba esperando a cicatrizar.
    07.10.2009 / 12:25h.
  • supernova • [  e-mail  ]
    Qué gracia... Se lo cuento a mi madre, "pues oye, que por lo visto ahora hacen supositorios explosivos, explotan dentro... lo hacen los terroristas islámicos y bla bla"; y mi madre: "Ay, por dios! Cualquiera se mete ya un supositorio!". Y yo "no, mama, no para los occidentales, no es que los vendan en la farmacia, ahí, de estrangis... Los hacen para ellos, se los meten ellos para atentar...".
    Ay, madres... qué graciosas son!
    Sobretodo porque, Alá no lo quiera, si algún terrorista islámico leyera mi comentario, estaría descubriendo que la imaginación aún puede ir más allá y se encontraría con un arma de destrucción masiva mucho más eficaz y menos dolorosa para ellos, sin duda, de lo que era la idea inicial.
    Porque, os lo digo porque por mi trabajo lo oigo a diario, el estreñimiento es el gran mal de este siglo. Ni sida, ni cáncer (porqué una enfermedad tan horribe tiene nombre de signo zodiacal, a ver??) ni gripe A... De estreñimiento se muere la gente, palabrita.
    Así que si decidieran poner supositorios explosivos de manera aleatoria en las cajas, tendrían entre un 60% y un 80% de la población occidental más a tiro que nunca.
    A tiro de pedo! Jajajaja! Pedo!! He dicho pedo!!
    07.10.2009 / 20:23h.
  • Una Andaluza
    Comento si leer.
    Me voy a dormir a ver de qué leche me pones
    11.10.2009 / 01:53h.
  • Una Andaluza
    Ja Ja Ja, buenas noches
    11.10.2009 / 02:04h.
  • Antonio • [  web  ]
    Dicen que ahora van a sacar también unos supositorios con nicotina...
    13.10.2009 / 18:47h.
Dejar los datos es opcional, añadir un comentario también.

Nick:     

E-Mail:     

http://     



FILTRO ANTI-SPAM
Repite el número de esta anotación
para que tu comentario sea admitido
(lo encontrarás al pie de la nota, tras el símbolo '#')

Número:     #