Jueves, 2 de septiembre de 2010 • 23:46h.
los 2 son pareja (xvi): el reencuentro
Por la calle, frente a frente.
Brito y Picatoste se reencuentran y se saludan.
Brito y Picatoste se reencuentran y se saludan.
—López!
—González!
—Oh, perdone, le confundí con López.
—Qué gracioso, y yo le confundí con González.
—Ya se sabe, el mundo es un pañuelo.
—Por supuesto... emmm, a qué se refiere exactamente?
—A que usted conoce a un González que, al parecer, se parece a mi y yo conozco a un López que tiene su misma cara.
—Me está usted diciendo que la tengo dura?
—Espero que no sea porque le gusto.
—Hablaba del parecido.
—Discúlpeme, no me lo pareció.
—Si no le parecí por qué me confundió?
—Porque tiene un aire a López, pero no lo es.
—Por descontado que no!
—Y si supiera contar sin errar?
—Contaría hasta tres antes de afirmar que tampoco!
—Contó hasta tres tan rápidamente?
—Bueno, algún número me habré saltado para no eternizar la espera.
—Se da usted cuenta? Se descuenta!
—Bah, esta vez lo hice aposta.
—Valor el suyo. Yo, si me descontara no apostaría.
—Soy ludópata.
—Bonito trabajo.
—No es un trabajo.
—El mundo está lleno de gente que trabaja en lo que no le gusta.
—Es una enfermedad!
—Claro que lo es, pero no queda más remedio.
—No hay más? Y cómo me puedo poner bien?
—Ha probado por empezar en ser monaguillo?
—Y eso cura?
—Si así lo desea, sí. Usted se ordena y se convierte en sacerdote.
—Si me descuento, no puedo ordenar nada!
—Eso sí que es un problema.
—Ni que lo diga.
—Lo dije ya.
—No le oí.
—Pues corra a un altar, so sordote!
—Ya estoy curado?
—Diría que sí.
—Pues no se demore, dígalo!
—Pero si no me va a oir.
—Le leeré los labios.
—No quiero, no creo en la quiromancia.
—Y en la tauromaquia?
—En eso sí, creo en un toro poderoso.
—Nos vigila constantemente. Quiere confesarse?
—Con usted?
—Ya puedo hacerlo, no lo recuerda?
—Recuerdo que estas conversaciones tan estúpidas las tenía hace años con un amigo mío del cual hace tiempo que no sé nada.
—El tal López?
—Le conoce?
—No, nunca oí hablar de él.
—Claro, es sordo.
—López tambien es sacerdote? Ya lo decía usted, el mundo es un pañuelo... lleno de curas.
—Y gérmenes, no lo olvide.
—No debo olvidar el qué?
—No lo recuerdo, se me fue el santo al cielo.
—Se sufre mucho cuando alguien se marcha de esa manera.
—Sí, todo es una mierda. Por cierto, tiene usted hora?
—Para lo de mi sordera, para lo de mi ludopatía o para un bautizo?
—No, hombre, no. Que qué hora es?
—Pues tanto pueden ser las tres como las cuatro, suelo descontarme con facilidad.
—Bueno, en cualquier caso, me iré igualmente.
—Haré lo mismo.
—Ha sido un placer charlar con alguien tan devoto.
—Nunca me he abstenido en las elecciones.
—No beba tanto pues, le va a dar algo.
—Todo es culpa de la ludopatía.
—Cambie usted de trabajo.
—Es una enfermedad!
—Pues claro que es una enfermedad, me cree usted estúpido?
—Mire, si va usted a insultarme mejor despedirnos ahora que aún somos amigos.
—Me parece una buena idea, le invito a una copa.
—Solo bebo en cáliz.
—Arreglado entonces, no viaje nunca más a esa parte de Andalucía y se acabó el beber.
—Imposible, he de pasar forzosamente cada vez que me declaro.
—Usted se declara?
—Sí, en Huelva.
—Qué país, tiene la suerte de trabajar y pide más.
—La vida es así.
—Olvídeme, debo irme.
—Lo haré.
—Buenas tardes.
—Buenas tardes.
—González!
—Oh, perdone, le confundí con López.
—Qué gracioso, y yo le confundí con González.
—Ya se sabe, el mundo es un pañuelo.
—Por supuesto... emmm, a qué se refiere exactamente?
—A que usted conoce a un González que, al parecer, se parece a mi y yo conozco a un López que tiene su misma cara.
—Me está usted diciendo que la tengo dura?
—Espero que no sea porque le gusto.
—Hablaba del parecido.
—Discúlpeme, no me lo pareció.
—Si no le parecí por qué me confundió?
—Porque tiene un aire a López, pero no lo es.
—Por descontado que no!
—Y si supiera contar sin errar?
—Contaría hasta tres antes de afirmar que tampoco!
—Contó hasta tres tan rápidamente?
—Bueno, algún número me habré saltado para no eternizar la espera.
—Se da usted cuenta? Se descuenta!
—Bah, esta vez lo hice aposta.
—Valor el suyo. Yo, si me descontara no apostaría.
—Soy ludópata.
—Bonito trabajo.
—No es un trabajo.
—El mundo está lleno de gente que trabaja en lo que no le gusta.
—Es una enfermedad!
—Claro que lo es, pero no queda más remedio.
—No hay más? Y cómo me puedo poner bien?
—Ha probado por empezar en ser monaguillo?
—Y eso cura?
—Si así lo desea, sí. Usted se ordena y se convierte en sacerdote.
—Si me descuento, no puedo ordenar nada!
—Eso sí que es un problema.
—Ni que lo diga.
—Lo dije ya.
—No le oí.
—Pues corra a un altar, so sordote!
—Ya estoy curado?
—Diría que sí.
—Pues no se demore, dígalo!
—Pero si no me va a oir.
—Le leeré los labios.
—No quiero, no creo en la quiromancia.
—Y en la tauromaquia?
—En eso sí, creo en un toro poderoso.
—Nos vigila constantemente. Quiere confesarse?
—Con usted?
—Ya puedo hacerlo, no lo recuerda?
—Recuerdo que estas conversaciones tan estúpidas las tenía hace años con un amigo mío del cual hace tiempo que no sé nada.
—El tal López?
—Le conoce?
—No, nunca oí hablar de él.
—Claro, es sordo.
—López tambien es sacerdote? Ya lo decía usted, el mundo es un pañuelo... lleno de curas.
—Y gérmenes, no lo olvide.
—No debo olvidar el qué?
—No lo recuerdo, se me fue el santo al cielo.
—Se sufre mucho cuando alguien se marcha de esa manera.
—Sí, todo es una mierda. Por cierto, tiene usted hora?
—Para lo de mi sordera, para lo de mi ludopatía o para un bautizo?
—No, hombre, no. Que qué hora es?
—Pues tanto pueden ser las tres como las cuatro, suelo descontarme con facilidad.
—Bueno, en cualquier caso, me iré igualmente.
—Haré lo mismo.
—Ha sido un placer charlar con alguien tan devoto.
—Nunca me he abstenido en las elecciones.
—No beba tanto pues, le va a dar algo.
—Todo es culpa de la ludopatía.
—Cambie usted de trabajo.
—Es una enfermedad!
—Pues claro que es una enfermedad, me cree usted estúpido?
—Mire, si va usted a insultarme mejor despedirnos ahora que aún somos amigos.
—Me parece una buena idea, le invito a una copa.
—Solo bebo en cáliz.
—Arreglado entonces, no viaje nunca más a esa parte de Andalucía y se acabó el beber.
—Imposible, he de pasar forzosamente cada vez que me declaro.
—Usted se declara?
—Sí, en Huelva.
—Qué país, tiene la suerte de trabajar y pide más.
—La vida es así.
—Olvídeme, debo irme.
—Lo haré.
—Buenas tardes.
—Buenas tardes.
Grapados como: Los dos son pareja
Tags: raro humor conversaciones
< # 1796 > < compártelo > < 8 comentarios >
Tags: raro humor conversaciones
< # 1796 > < compártelo > < 8 comentarios >


