
Soy un gusano
// más lombriz //
metido en una cajita de plástico negro llena de arena de playa
// es el cómodo lecho antes de morir //
que sirve como transporte
// y celda de reclusión //
hasta el destino final: clavado en el anzuelo
// dolerá? //
Siento el olor a mar cuando se acerca la hora de actuar.
El pescador
// algún día las lombrices y los gusanos reinarán de nuevo la tierra //
abre la cajita de plástico negro
// el mundo ficticio se tambalea alrededor de mis anillos //
y me atrapa con sus toscos dedos
// presiona, no duele //
enhebrándome en el anzuelo
// duele, pero menos de lo que alcancé a pensar //
Viajo por el aire a la velocidad del rayo.
Me hundo en el mar
// imposible nadar sin brazos //
y contengo la respiración
// podría nadar ondulando el cuerpo pero soy de tierra, nunca lo aprendí //
intentando no tragar ni
una sola gota de agua
// creo que una sola gota me mataría en el acto //
Se acerca el pez
// llega para convertirse en pescado //
muerde el anzuelo
// es culpa mía, lo sé... pero es mi cometido //
y el hábil pescador recoge el sedal
// un tirón súbito y un desplazamiento regular y acelerado //
al tiempo que me enrosco en el hierro para no ser devorado
// una muerte que no había previsto //
El sedal se detiene, el pez se suelta
// me libré pero me arrancó un pedazo //
y sigo sumergido hasta que el animal escamado vuelve a las andadas
// será cierto que un pez no recuerda más allá de dos segundos //
mordiendo de nuevo el gancho
// este pez es imbécil //
El sedal se detiene [de nuevo], el pez se suelta [otra vez]
// me libré pero me arrancó
un [otro] pedazo //
y
sigo [continuo] sumergido hasta que el animal escamado [y confuso] vuelve a las andadas
//
será es cierto que un pez no recuerda más allá de dos segundos //
mordiendo de nuevo el gancho
// este pez es [muy] imbécil //
Estoy atrapado en un bucle:
// mientras pierdo parte de mi cuerpo en cada vuelta //
es el puto juego del pescador con el pez
// uno por listo, el otro por extremadamente tonto //
en el que el humano no tiene la más mínima intención de pescar
// deporte, le llaman //
y el pez
// si no hay memoria no existe el rencor //
muerde en cada pequeño estímulo
// hasta que no queden más anillos de los que desprenderme //
Una y otra vez.
El pescador
// en cuanto el sol se oculte en el horizonte //
recogerá los bártulos y abandonará la playa
// importándole bien poco la suerte del pez. y de la lombriz, menos //
dejando tras de sí trozos de sedal y una cajita de plástico negro vacía
// que no es biodegradable, hijo de la gran puta! //