Jueves, 8 de julio de 2010 • 00:16h.
no quiero macarrones
 No quiero macarrones Mientras comía unos deliciosos macarrones
// con lo fácil que parece cocinarlos y no siempre me tropiezo con unos con los que se me caiga la baba, ponga los ojos en blanco y visite, aunque sea momentáneamente, el paraíso //
pensé: «me casaría con la mujer que me hiciera los macarrones como a mi me gustan»
// casarme? el puto calor me está ablandando el cerebro? //

Puesto que las dos únicas mujeres con las que he coincidido que hicieran la delicia de mi estómago a base de platos de macarrones fueron la primera y la última de todas mis ex suegras
// por suerte, hay cosas que los hijos no heredan //
he replanteado semejante estupidez
// no es que haya pensado alguna vez en casarme con mis suegras, nada más lejos de mis intenciones... me refiero al simple hecho de casarme //

Fús! Fús!  Fús! 

No, querido
// querido, soy yo y a veces me hablo //
evita caer en la trampa de que te compren por el estómago con unos canutillos de pasta bien aderezados,
// más bien cerdos, de camionero, de bar de carretera como les llamo //
aprende a cocinarlos tú mismo
// empieza a dejar de ser un desastre en la cocina //
y así evitarás alguna qué otra decisión difícil de tomar no vaya a ser que acabes aborreciéndolos
// durante el aprendizaje, evitaré los macarrones de cualquiera //
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Lunes, 14 de junio de 2010 • 23:59h.
donde estás tú
Está llegando el verano
// a ratos lo parece, a otros no //
y empezamos a quitarnos la ropa apresuradamente
// ver gente con chanclas en días de lluvia es ya habitual //
dejando la piel
// un año más //
al aire
// vuelve el omoplato desnudo femenino //
y por consiguiente vemos más tatuajes.

Hay quienes se han hecho uno por primera vez
// hace mucho tiempo ya que sigue siendo una moda //
hay quien añade uno más a su colección
// año a año, el collage crece //
y los hay que siguen con los mismos
// es decir, vuelves a llevar la misma camiseta de todos los veranos //

Cada vez me gustan menos
// cero en originalidad //
y no comprendo como hipotecamos de por vida la piel
// algo que nos gusta hoy y que mañana... a lo mejor no. demagogia? enséñame el tatuaje ese precioso cuando tu piel sea puro pellejo //
porque se ven por ahí,  cosas 
// a veces imposible llamarles obras de arte o simplemente dibujos //
realmente terribles
// incluso espaldas que parecen mesas con un montón de cromos esparcidos sin orden ni concierto //

Pero... el sol vuelve a calentar
// regreso a la playa //
y cerca de la olas vuelvo a esperar el reencuentro
// porque existe //
para comprobar si ha crecido el
// la excepción //
 precioso dibujo 
// no hay prisa, mientras, tomaré el sol //
de sus curvas
// también //
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Sábado, 10 de abril de 2010 • 11:00h.
era bella y yo la vestía (es solo sexo, 6)
Los dos estaríamos mirando al techo. Seguramente, fumaríamos. Pero no. Lo más normal es que los dos, ellos dos, en ese preciso instante también estarían mirando al techo... y fumando.
—Ella fumando! —Escupí.
Me pregunté si él fumaría. Me quedé pensativo dándole una honda calada a mi cigarrillo, entrecerrando los ojos para que el humo no me cegara, y decidí que casi me daba igual.
—Si no fuma y el tabaco no lo mata, —susurré—, lo mataría yo a puntapiés.
Esbocé una sonrisa. Me esforcé en hacer una mueca perversa como si alguien pudiera estar mirándome pero se desdibujó al instante. No me encontraba muy dispuesto a aguantar mis propias estupideces. Ni mis propias estupideces ni mis propios pensamientos. De un modo u otro, debía mantener la mente ocupada con otras cosas que no tuvieran relación con ella.
—Cómo será? —Volví a sorprenderme hablando en voz alta.
Me tapé la boca con la mano intentando acallar mis palabras pero el cerebro no entendió la orden y tiró sin mi consentimiento: alto? Si es bajo sí que puedo patearlo; Fuerte? Una puta tableta de chocolate; Cariñoso? Maldita sea el amor de las primeras semanas; Atento? Bah, un imbécil panoli; Guapo? No será inteligente, entonces...

Sin prestar atención, quise apagar el cigarrillo en el cenicero que tenía reposando en mi pecho pero en alguno de los movimientos se había desplazado y solo acerté en aplastar la punta incandescente muy cerca del pezón derecho.
—Joder! —Grité con todas mis fuerzas—. Hijo de la gran puta!
Me incorporé violentamente sacudiéndome la ceniza al rojo que me chamuscaba la piel causándome un dolor insoportable. El cenicero se vació de colillas por encima de las sábanas blancas y rodó por la cama hasta dar un salto mortal hacia el suelo chocando y haciéndose trizas. Mientras, mi lengua escupía una ristra de insultos y tacos y un montón de expresiones malsonantes que ni sabía cuando las había aprendido.
De un salto, al mismo tiempo que golpeaba las sábanas intentando evitar que no se hicieran más agujeros de los inevitables, me puse en pie en el suelo y noté el pinchazo de un cristal que se clavaba en una de mis plantas como un tremendo arpón. Un extremo dolor me recorrió todo el cuerpo de abajo a arriba como si un rayo me estuviera partiendo en dos desde dentro hacia afuera.
Creo que fue en ese preciso instante cuando solté el alarido más espeluznante que jamás haya emitido y mi garganta decidió dejar de pronunciar ni un solo sonido más durante las 48 horas siguientes.
Me llevé las manos al pie herido, arrugando la pierna, y me lancé en busca de protección encima de la cama. La sangre brotaba como un aspersor manchando sábanas y paredes mientras mis dedos pinzaban el cristal clavado y lo extraían dejando un profundo boquete cercano al talón. Tiré de la sábana y la enrollé alrededor del pie intentando inútilmente parar la hemorragia. Noté como las primeras lágrimas rodaban por mis mejillas al tiempo que, bajando por el lado opuesto de la cama, inicié el camino hasta el baño arrastrando media cama con la pierna herida. «Por qué coño sujeto tan bien las sábanas debajo del colchón?» me pregunté maldiciéndome. Tiré con fuerza para poder llegar hasta el baño pero no solo se desató el pie de sus ataduras sino que también lo hizo la tercera ley de Newton o la de acción y reacción. Lo pensé. Incomprensiblemente, lo pensé. En una milésima de segundo, la que va desde la pérdida de equilibrio total hasta darme con la frente en el canto de la taza del váter, se me apareció Newton y su tercera ley.

Desperté aturdido en el frío suelo del baño. Sumergido en una espesa capa de pitidos de alta frecuencia y docenas de silbidos de vientos imaginarios colándose por rendijas de ventanas viejas, mi cabeza parecía palpitar esperando el momento preciso para estallar en mil pedazos.
—Ha sido un puto sueño... —quise pronunciar pero nada salió de mi boca.
Respiré profundamente, llené los pulmones y expulsé el aire intentando emitir algún sonido. Nada, cero. Ni un leve gemido. Desanimado, miré a mi alrededor y vi las sábanas por el suelo que, como si fueran la mecha de un cartucho de dinamita, se extendían hasta el colchón medio caído en medio del dormitorio. Percibí el brillo de lo que parecían trozos de cristal esparcidos por toda la habitación y de repente, llevé la mirada al pie herido. Si como parecía, al fin y al cabo, nada había sido un sueño, el pie debería seguir sangrando y yo no estaba muerto de milagro.
Mientras observaba un extraño vendaje alrededor del pie, oí un ruido familiar que llegaba desde el otro extremo de la casa. Intenté reclamar un «quién anda ahí» aunque fuera con un hilo de voz pero solo escuché como la puerta se cerraba de un portazo.
Sonreí.
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Sábado, 27 de marzo de 2010 • 09:12h.
buenas noches
Salí de noche
// a eso de las 10 //
y me crucé con ella en la escalera
// subía mientras yo bajaba //

—Buenas noches, —saludé.
—Buenas noches, —contestó.

Eso es todo?
// suficiente, no acaparemos //

Desapareció a mi espalda
// desaparecí por la suya //
tras este intenso intercambio basado en la educación
// no fui a un colegio de pago, pero más de una vez me pegaron //

Mi mente escaneó todos los pisos del bloque
// colándose en sus interiores //
y decidió que se trataba de una nueva vecina y una vecina nueva
// joder! por fin? //

No había llegado a la puerta de la calle
// me separaban no más de dos docenas de escalones //
que ya me cuestionaba: le pido sal?
// no uso //
le pido wifi?
// puede darse cuenta que tengo dos //
le pido que me pague el recibo de la escalera?
// ya no soy el presidente //
me tropiezo delante de su puerta y me rompo el tobillo y le pido que me levante?
// doloroso, arriesgado... y si no está en ese momento? //

Años y años viviendo en pisos
// a falta de dinero para vivir en una gran mansión aislado del mundo //
y por primera vez, parece que cae una VECINA
// en mayúsculas //
Joder, joder!!!
// ni primaveras, ni pollas //
Esto es todo un acontecimiento
// no vayamos a cagarla ahora //
parece que la suerte  está cambiando ...
// podré cambiar la etiqueta  vecinos  por "vecinas"? //
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Sábado, 13 de marzo de 2010 • 13:30h.
su vida es una pendiente (es solo sexo, 5)
Lo dos mirábamos el techo en silencio. Fumábamos. «Solo fumo después del sexo» me dijo una vez. Desde entonces, cuando la veo con un pitillo en la boca, no sé qué pensar. Y se me nota, lo sé. Debo hacer alguna mueca extraña o titubeo al hablar, o algo que no percibo, porque ella no tarda en preguntar que qué me pasa.
—Nada —suelto sin darme cuenta.
—Nada? Nada de qué?
—Emmm... —balbuceo—. Pensaba en voz alta.
Joder, joder. Cagarla dos veces seguidas en menos de cinco segundos. Y ¿qué otra cosa podía responder si me pilló de sorpresa? Relajado, fumando y con la sangre aún a medio camino de llegar al cerebro es imposible reaccionar ante una trampa, aunque sea estúpidamente propia.
—Lo has notado, no? —Vuelve a preguntar.
—Notar? —Respondo interrogando—. El qué?
No había notado nada extraño. La había desnudado lentamente, haciendo caso omiso al ritmo que pretendía marcarme el corazón con sus latidos (pum! pum! pum! pum! pum!) que es como ponerse en riesgo de castigo por no obedecer el sonido del tambor que marca el compás en el que hay que remar en una galera llena de esclavos. Observé su piel tersa y lechosa lo más cerca que mi vista me permite. Había rozado con los dedos, como un ciego lee un escrito en braille, cada milímetro cuadrado de su suave corteza y nada me había sorprendido... todo me era familiar, lo tengo tan aprendido que puedo examinarme sin temor al suspenso.
—Que hay otra persona.
—Hemos hecho un trío y no me he dado cuenta?
—En mi vida, coño! —Espeta cortándome la carcajada.
—Ostias! Es verdad, has entrado fumando!
En su vida? Qué parte me he perdido? En su vida no estoy yo? Desde cuando ha dejado de ser mi becaria? Demasiadas preguntas para no obtener respuesta. Pero no iba a formularlas en voz alta, pensaría que estoy herido... por consiguiente: enamorado.
—Ah... interesante. —Dejo ir sin la más mínima importancia.
Con un movimiento digno de una gacela, salta de la cama y la abandona. Recorre la habitación agachándose para recoger la ropa desperdigada que amontona formando una pelota bajo su brazo y, como siempre, me muestra el culo en cada movimiento. En otras ocasiones, la escena me encanta. Esta vez, "tomarlo" no lleva el mismo significado.
—Y me lo dices ahora? —Le pregunto, no puedo permanecer callado—. Después de lo que me he esforzado? Intentando llegar a los dos polvos, digo.
—Es un amigo de clase, —me grita desde el baño—, desde ayer estamos juntos.
—Ayer! —Exclamé—. Y lo de hace un rato, qué ha sido? Me dejó a medias y tenía que quitarme el picor?
Creí oír un "imbécil" perfectamente sonorizado por la acústica de los azulejos del cuarto de aseo. Pensé que debe ser cierto que donde mejor suena la música es un váter, debería probar algunos acordes de guitarra sentado en la taza.
—Lo probaré cuando se marche. —Me dije.

Tras una ducha, perfectamente arreglada, regresó a la habitación. Debo reconocer que estaba más guapa que nunca. Se abalanzó sobre mi, que aún seguía bajo el edredón apurando un nuevo cigarrillo, y me besó en la comisura de los labios. Quise devolvérselo pero fue de nuevo rápida incorporándose y solo pude expulsar el humo aprovechando la forma de mis labios. Buff...
A lo lejos oí como cerraba la puerta de un portazo.
—Cierra con... bah, da igual, si la puerta no se ha roto ya no va a hacerlo ahora.
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